Cuentos

                   EL AMOR ES CIEGO.




Cuenta la leyenda que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el Aburrimiento hab铆a bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso:


- ¿Jugamos al escondite?

La Intriga se levant贸 con los ojos fruncidos, y la Curiosidad sin poder contenerse pregunt贸:


- ¿Al escondite? ¿Y c贸mo es eso?

Es un juego – explic贸 la Locura – en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un mill贸n mientras ustedes se esconden y, cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre, ocupar谩 mi lugar para continuar el juego.




El Entusiasmo se hall贸 secundado por la Eufroia. La Alegr铆a dio tantos saltos que termin贸 por convencer a la Duda, e incluso la Apat铆a a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. La Verdad prefiri贸 no esconderse; ¿para qu茅? Si al final siempre le hallaban. La SOBERBIA opin贸 que era un juego muy tonto (en el fondo, lo que le molestaba era que la idea no hab铆a sido suya), y La Cobard铆a prefiri贸 no arriesgarse.


- Uno, dos, tres…. comenz贸 a contar la Locura.




La primera en esconderse fue la Pereza, que como siempre, se dej贸 caer tras la primera piedra del camino. La Fe subi贸 al cielo y la Envidia se escondi贸 tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo hab铆a logrado subir a la copa del 谩rbol m谩s alto.


La Generosidad, casi no alcanzaba a esconderse; cada sitio que hallaba le parec铆a maravilloso para alguno de sus amigos: ¿qu茅 si un lago cristalino? ¡ Es ideal para la Belleza!; ¿Qu茅 si la rendija de un 谩rbol? Perfecto para la Timidez; ¿qu茅 si el vuelo de una mariposa? ¡ Lo mejor para la Voluptuosidad!; ¿qu茅 si una r谩faga de viento? ¡ Magn铆fico para la Libertad! As铆 que termin贸 por ocultarse en un rayito de sol. El Egoismo, en cambio, encontr贸 un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, c贸modo… eso s铆, s贸lo para 茅l.




La Mentira se escondi贸 en el fondo de los oc茅anos (¡mentira, en realidad se escondi贸 detr谩s del arco iris); y La Pasi贸n y el Deseo en el centro de los volcanes, el Olvido …¡se me olvid贸 donde se escondi贸!… pero no es lo importante.


Cuando la Locura contaba 999999, el Amor a煤n no hab铆a encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divis贸 un rosal y, enternecido, decidi贸 esconderse entre sus flores.




- ¡Un mill贸n! – cont贸 la Locura y comenz贸 a buscar.


La primera en aparecer fue la Pereza, s贸lo a tres pasos de la piedra. Despu茅s escuch贸 a la Fe discutiendo con Dios en el cielo sobre zoolog铆a, y a la Pasi贸n y al Deseo los sinti贸 en el vibrar de los volcanes.




En un descuido encontr贸 a la Envidia, y claro, pudo deducir donde estaba el Triunfo. Al Ego铆smo no tuvo ni que buscarlo; 茅l solito sali贸 desesperado de su escondite que hab铆a resultado ser un nido de avispas.


De tanto caminar sinti贸 sed y al acercarse al lago descubri贸 a la Belleza. Y con la Duda result贸 m谩s f谩cil todav铆a pues la encontr贸 sentada sobre una cerca sin decidir a煤n en que lado esconderse.


As铆 fue encontrando a todos: el Talento entre la hierba fresca, la Angustia en una oscura cueva, la Mentira detr谩s del arco iris… (¡Mentira, ella estaba en el fondo del oc茅ano!), y hasta el Olvido, al que ya se le hab铆a olvidado que estaba jugando al escondite.




Pero s贸lo el Amor no aparec铆a por ning煤n sitio.



La Locura busc贸 detr谩s de cada 谩rbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las monta帽as y, cuando estaba a punto de darse por vencida, divis贸 un rosal y las rosas… Y tom贸 una horquilla y comenz贸 a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuch贸. Las espinas hab铆an herido en los ojos al Amor y la Locura no sab铆a que hacer para disculparse; llor贸, rog贸, pidi贸 perd贸n, y hasta prometi贸 ser su lazarillo.




Desde entonces, desde que por primera vez se jug贸 al escondite en la tierra,


El amor es ciego y la locura siempre, siempre le acompa帽a.




cuento de Mario Benedetti

*****


LA MARCA


Cuando yo era ni帽o, a煤n muy peque帽o, mi padre compr贸 el primer tel茅fono de nuestro vecindario. Recuerdo bien aquel aparato negro y brillante que se hallaba sobre la c贸moda de la sala. Yo era muy chico para alcanzarlo, pero me quedaba escuchando fascinado mientras mi madre hablaba con alguien.

Un d铆a descubr铆 que dentro de aquel objeto maravilloso viv铆a una persona fant谩stica. Se llamaba
“Informaci贸n, por favor” y no hab铆a nada que ella no supiera. “Informaci贸n, por favor” pod铆a suministrar cualquier n煤mero de tel茅fono y hasta la hora correcta.

Mi primera experiencia personal con ese genio de la botella vino un d铆a en que mi madre se encontraba fuera, en casa de unos vecinos. Yo estaba en el garaje, revolviendo en la caja de herramientas, cuando me golpe茅 un dedo con el martillo. El dolor era terrible, pero no ten铆a motivo para llorar, ya que no hab铆a nadie para consolarme.

Andaba por la casa chup谩ndome el dedo dolorido, hasta que pens茅:

“¡El tel茅fono!”.

R谩pidamente cog铆 una peque帽a escalera que coloqu茅 frente a la c贸moda de la sala. Me sub铆 a la escalera, descolgu茅 el auricular del gancho y lo apret茅 contra mi o铆do.

Alguien atendi贸 y yo dije:

“Informaci贸n, por favor”.

O铆 dos o tres clics, hasta que una voz suave y n铆tida habl贸 en mi o铆do.

“Informaci贸n. D铆game”.

“Me he golpeado el dedo...” y las l谩grimas vinieron f谩cilmente, ahora que ten铆a audiencia.

“¿Tu madre no est谩 en casa?”, pregunt贸 ella.

“No, no hay nadie”, sollozaba.

“¿Est谩s sangrando?”

“No, pero me he golpeado con el martillo y me duele mucho”.

“¿Puedes abrir la puerta del congelador?”

Respond铆 que s铆.

“Entonces coge un cubito de hielo y p贸ntelo en el dedo”, dijo la voz.

Tras aquel d铆a, yo conectaba con “Informaci贸n, por favor” por cualquier motivo.

Ella me ayud贸 con mis dudas de geograf铆a y me ense帽贸 d贸nde estaba Filadelfia. Me ayud贸 con los ejercicios de matem谩ticas. Me ense帽贸 que la peque帽a ardilla que traje del bosque tendr铆a que comer nueces y peque帽as frutas...

Cuando Petey, mi canario, se muri贸, yo llam茅 a “Informaci贸n, por favor” y le cont茅 lo ocurrido. Ella me escuch贸 y comenz贸 a hablar de esas cosas que se le dicen a un ni帽o que est谩 creciendo. Pero yo me sent铆a inconsolable y preguntaba:

“¿Por qu茅 tienen que morirse unos pajaritos que cantan tan bien y dan alegr铆a a los dem谩s?”...

“Paul, recuerda siempre que existen otros mundos donde tambi茅n se puede cantar”.

De alguna manera, despu茅s de esto me sent铆 mejor.

Al d铆a siguiente, all谩 estaba yo de nuevo.

“Informaci贸n. D铆game”, dijo la voz ya tan familiar.

“¿Usted sabe c贸mo se escribe excepci贸n?”.

Todo esto aconteci贸 en mi ciudad natal, al norte del Pac铆fico.

Cuando yo ten铆a 9 a帽os, nos mudamos a Boston. A帽oraba mucho a mi amiga. “Informaci贸n, por favor” pertenec铆a a aquel viejo aparato telef贸nico negro, y yo no sent铆a ninguna atracci贸n por nuestro nuevo tel茅fono blanco que se hallaba sobre la c贸moda de la nueva sala.

Pas贸 el tiempo y fui creciendo, pero los recuerdos de aquellas conversaciones infantiles nunca se alejaron de mi memoria.

Frecuentemente, en momentos de duda o perplejidad, he intentado recuperar el sentimiento de seguridad tranquila que ten铆a en aquel entonces.

Hoy puedo comprender lo muy paciente, comprensiva y dulce que fue aquella mujer al perder su tiempo en atender las consultas de un ni帽o.

Algunos a帽os despu茅s, cuando ya iba a la universidad, mi avi贸n hizo escala en Seattle. Yo ten铆a m谩s o menos media hora entre los dos vuelos. Habl茅 por tel茅fono con mi hermana, que viv铆a all铆, unos quince minutos. Entonces, casi sin darme cuenta, marqu茅 el n煤mero de la operadora de mi ciudad natal y ped铆:

“Informaci贸n, por favor”.

Como en un milagro, escuch茅 la misma voz dulce y clara que tan bien conoc铆a:

“Informaci贸n. D铆game”.

“¿Usted sabe c贸mo se escribe excepci贸n?” pregunt茅.

Se produjo una larga pausa. Luego, una suave respuesta:

“Tu dedo ya est谩 mejor, ¿verdad Paul?”.

Me ech茅 a re铆r.

“¡As铆 que es usted misma! ¡No se imagina lo importante que fue para m铆 en aquel tiempo!”

“S铆 que lo imagino. Y t煤 no sabes cu谩nto significaba para m铆 aquella comunicaci贸n. No tengo hijos y me pasaba el d铆a esperando tu llamada”.

Le cont茅 lo mucho que me hab铆a acordado de ella en los 煤ltimos a帽os y pregunt茅 si podr铆a visitarla cuando fuese a ver a mi hermana.

“¡Claro que s铆! Pregunta por Sally”.

Tres meses despu茅s fui a Seattle. Al telefonear, me respondi贸 una voz desconocida.

“¿Podr铆a hablar con Sally?”, dije.

“¿Usted es amigo de ella?”, pregunt贸 la voz.

“Soy un viejo amigo. Mi nombre es Paul”.

“Lo siento mucho, pero 煤ltimamente Sally estaba trabajando aqu铆 s贸lo a media jornada, porque se encontraba enferma. Por desgracia, muri贸 hace cinco semanas”.

Antes de que yo pudiera colgar, la voz a帽adi贸:

“Espere un momento. ¿Dijo usted que su nombre es Paul?”...

“S铆”.

“Sally le dej贸 un mensaje. Lo escribi贸 y me pidi贸 que yo lo guardase por si usted llamaba. Se lo voy a leer”.

El mensaje dec铆a:

“Dile que a煤n creo que existen otros mundos donde la gente tambi茅n puede cantar. 脡l lo comprender谩”.

Di las gracias y colgu茅.

Lo comprend铆.

“NUNCA SUBESTIMES LA MARCA QUE DEJAS EN LOS DEM脕S”.

*****
 
   
 LA VACA...


Cuenta la historia que un maestro quer铆a ense帽arle a su disc铆pulo los secretos para vivir una vida pr贸spera y feliz; as铆, entendiendo que una de las m谩s grandes ataduras de algunas personas es el “conformismo” pues decidi贸 empezar por all铆.

El maestro sab铆a que para que el joven pudiera entender esa importante lecci贸n ten铆a que ver por si mismo que sucede cuando una persona se acomoda en la cama del conformismo. As铆 que el maestro llev贸 al joven disc铆pulo al pueblo m谩s pobre de la regi贸n y una vez all铆 buscaron la casa m谩s pobre de todo el pueblo, en la parte mas alejada de un caser铆o se pararon frente a la casa mas fea, ruinosa, descuidada, a punto de derrumbarse y llegaron a la conclusi贸n que los que habitaban en esa casa era la familia mas pobre. La casa estaba realmente en malas condiciones, las paredes parec铆an que se vendr铆an abajo en cualquier momento, hab铆a basura y desperdicios por todo el patio causando un olor nauseabundo de la casa y en el techo hab铆a huecos por todas partes.

En aquella casa, en franca decadencia, viv铆an 8 personas vestidas de forma muy sucia y con ropas rotas y viejas pero lo m谩s triste eran sus miradas, la pobreza se hab铆a apoderado no s贸lo de su exterior si no de su interior.

Pero de manera disonante, en todo este paisaje bastante tiste ellos ten铆an una posesi贸n, ten铆an “una Vaca” y como era su 煤nica posesi贸n, todo giraba en torno al animal. Era realmente lo m谩s importante de aquella familia a pesar de que la pobre vaca produc铆a muy poca leche que era el poco alimento con lo que sobreviv铆a esa familia.

Y Justamente esa misma vaca era la que marcaba la diferencia entre ellos y sus vecinos por que de alguna manera ellos pensaban, “nosotros no estamos tan mal. Nosotros tenemos una vaca y ellos no”.

Y all铆 en medio de esa pobreza, el maestro y el disc铆pulo pasaron la noche y al d铆a siguiente muy temprano antes de que el sol saliera, decidieron regresar. Pero antes de salir el maestro le dijo al joven “es hora de que aprendas la lecci贸n por la cual estamos aqu铆”. Y dicho esto sac贸 un pu帽al y ante los ojos incr茅dulos del disc铆pulo, el maestro apu帽al贸 de manera mortal a la pobre y vieja vaca.

¡C贸mo has podido matar a la vaca!, ¡Esta familia morir谩 de hambre! comenzaron los reproches de parte del disc铆pulo que estaba realmente incr茅dulo de lo que sus ojos acababan de ver.

El maestro ignorando el rosario de reproches emprendi贸 el camino a casa, mientras el disc铆pulo lo segu铆a sin dejar de pensar que esa acci贸n hab铆a condenado a esa familia a la muerte.

Un a帽o mas tarde el maestro llamo a su disc铆pulo para informarle que emprender铆an de nuevo el viaje de retorno a ese pueblo, para saber que hab铆a sucedido con aquella desdichada familia.

El Joven disc铆pulo no pod铆a dejar de cuestionarse sobre aquella noche y aun con mucho pesar accedi贸 volver a aquel pueblo. Pero ocurri贸 un problema…. los dos viajeros no lograban ubicar aquella humilde vivienda aunque el lugar era el mismo, aquella casita ya no estaba y en su lugar hab铆a una casa grande que hab铆a sido construida recientemente.

El joven trataba de callar las voces de su mente que le dec铆an que seguramente esa familia hab铆a muerto de hambre y otros tomaron aquel terreno. Ese joven estuvo a punto de regresar por sus mismos pasos para no confirmar sus peores sospechas, cuando en ese momento sali贸 de la casa un hombre que para su sorpresa era el mismo hombre que 1 a帽o atr谩s les hab铆a dado posada. El joven no pod铆a creerlo, ese hombre que sal铆a de esa hermosa casa, estaba limpio, bien vestido, y tenia una hermosa sonrisa. Era obvio que algo extraordinario hab铆a sucedido.

Los dos interceptaron a aquel hombre y el disc铆pulo con toda su incredulidad le pregunto: ¿C贸mo es posible? ¿Qu茅 ha pasado? Hace un a帽o cuando estuvimos aqu铆 estaban ustedes sumidos en la m谩s absoluta pobreza.

Aquel hombre ignorando que sus dos amigos hab铆an sido los causantes de la muerte de su vaca los invit贸 a pasar a la casa y all铆 les cont贸 que aquella misma noche en lo que los dos se fueron, alg煤n vecino lleno de envidia por su “peque帽a riqueza” hab铆a matado su vaca.

Confes贸 que la primera reacci贸n hab铆a sido la desesperaci贸n ya que su escasa leche los hab铆a mantenido en aquella pobreza. Sin embrago nos dimos cuenta que ten铆amos que hacer algo para no morir de hambre as铆 que limpiamos el patio de la parte de atr谩s de la casa y all铆 sembramos algunas semillas de la temporada.

Despu茅s de un tiempo nos dimos cuenta que aquella improvisada granja produc铆an m谩s de lo que necesit谩bamos y que la tierra era realmente f茅rtil. As铆 que decidimos vender algunos vegetales a nuestros vecinos… y terminamos vendiendo los vegetales en el mercado del pueblo.
Y por primera vez en muchos a帽os sucedi贸 que pudimos comprar ropa bonita y arreglar nuestra casa. Es como si la tr谩gica muerte de aquella vaca nos llev贸 a una nueva vida.

Aquel disc铆pulo estaba realmente asombrado por que finalmente entendi贸 el aprendizaje que su maestro quer铆a demostrarle. La muerte de aquella vaca no era el final para aquella familia, sino el principio de una nueva vida.

El maestro llam贸 al disc铆pulo aparte y le pregunto: ¿t煤 crees que si esta familia aun tuviera su vaca hubieran logrado todo esto que han obtenido durante este a帽o? El joven respondi贸: seguramente no maestro.

ahora yo les pregunto, ¿cu谩ntas cadenas tenemos atadas en nuestras vidas, cadenas de conformismo, o como ahora les digo, “VACAS”?

Es solo una reflexi贸n… Tenemos que pensar que podemos y merecemos vivir algo mejor.


POR ESO SIEMPRE DIGO QUE HAY QUE MATAR LA VACA...
*****


Polaridad de los opuestos 

 
 Tal y como ilustra el antiguo cuento taoista del granjero cuyo caballo huy贸:

Cuando los vecinos se reunieron aquella noche para consolarle de su mala suerte, el granjero dijo: "puede ser". Al d铆a siguiente, el caballo volvi贸 a la granja trayendo consigo media docena de caballos salvajes y cuando los vecinos se reunieron de nuevo para felicitarle por su buena suerte, el granjero dijo: "puede ser". Al tercer d铆a su hijo se rompi贸 una pierna mientras trataba de ensillar y montar uno de los caballos salvajes. A las expresiones de simpat铆a de sus vecinos, el granjero contest贸; "puede ser". Un d铆a despu茅s unos militares llegaron al pueblo para reclutar j贸venes para el ej茅rcito, pero el hijo del granjero fue rechazado a causa de su pierna rota. Los vecinos acudieron de nuevo por la noche y le dijeron lo bueno que era que todo hubiese acabado tan bien. El granjero dijo: "puede ser".

Seg煤n el principio de la polaridad de los opuestos, la vida no s贸lo significa un ciclo continuo de cosas buenas y malas que evitan la monoton铆a y convierten la vida en una aventura maravillosa, sino que la naturaleza ha provisto tambi茅n nuestro sistema psicosom谩tico con estados alternados de sue帽o y vigilia, olvido y recuerdo.


*****


El Insulto a Buda 

 
En una ocasi贸n, un hombre se acerc贸 a Buda e, imprevisiblemente, sin decir palabra, le escupi贸 a la cara. Sus disc铆pulos, por supuesto, se enfurecieron.

Ananda, el disc铆pulo m谩s cercano, dijo dirigi茅ndose a Buda:
¡Dame permiso para que le ense帽e a este hombre lo que acaba de hacer!
Buda se limpi贸 la cara con serenidad y dijo a Ananda:
No. Yo hablar茅 con 茅l.
Y uniendo las palmas de sus manos en se帽al de reverencia, habl贸 de esta manera al hombre.

Gracias. Has creado con tu actitud una situaci贸n para comprobar si todav铆a puede invadirme la ira. Y no puede. Te estoy tremendamente agradecido. Tambi茅n has creado un contexto para Ananda; esto le permitir谩 ver que todav铆a puede invadirlo la ira. ¡Muchas gracias! ¡Te estamos muy agradecidos! Y queremos hacerte una invitaci贸n. Por favor, siempre que sientas el imperioso deseo de escupir a alguien, piensa que puedes venir a nosotros.

Fue una conmoci贸n tan grande para aquel hombre... No pod铆a dar cr茅dito a sus o铆dos. No pod铆a creer lo que estaba sucediendo. Hab铆a venido para provocar la ira de Buda. Y hab铆a fracasado. Aquella noche no pudo dormir, estuvo dando vueltas en la cama y no pudo conciliar el sue帽o. Los pensamientos lo persegu铆an continuamente. Hab铆a escupido a la cara de Buda y 茅ste hab铆a permanecido tan sereno, tan en calma como lo hab铆a estado antes, como si no hubiera sucedido nada...

A la ma帽ana siguiente, muy temprano, volvi贸 precipitado, se postr贸 a los pies de Buda y dijo:
Por favor, perd贸name por lo de ayer. No he podido dormir en toda la noche.

Buda respondi贸:
Yo no te puedo perdonar porque para ello deber铆a haberme enojado y eso nunca ha sucedido. Ha pasado un d铆a desde ayer, te aseguro que no hay nada en ti que deba perdonar. Si t煤 necesitas perd贸n, ve con Ananda; 茅chate a sus pies y p铆dele que te perdone. 

脡l lo disfrutar谩...

*****


DESTINO 

  
 Durante una batalla, un general japon茅s decidi贸 atacar a煤n cuando su ej茅rcito era muy inferior en n煤mero. Estaba confiado que ganar铆a, pero sus hombres estaban llenos de duda. Camino a la batalla, se detuvieron en una capilla. Despu茅s de rezar con sus hombres, el general sac贸 una moneda y dijo, "Ahora tirar茅 esta moneda. Si es cara, ganaremos. Se es cruz, perderemos. El destino se revelar谩". Tir贸 la moneda en el aire y todos miraron atentos como aterrizaba. Era cara. 

Los soldados estaban tan contentos y confiados que atacaron vigorosamente al enemigo y consiguieron la victoria. Despu茅s de la batalla, un teniente le dijo el general, "Nadie puede cambiar el destino"."Es verdad", contest贸 el general mientras mostraba la moneda al teniente, que ten铆a cara en ambos lados.
*****

El Drag贸n y el Murci茅lago

 
  Cuenta la leyenda que existi贸 un drag贸n negro que ten铆a aterrorizada a la regi贸n de Hung, en China.
 
El animal acostumbraba atacar a cualquier ser vivo, com铆a bueyes enteros y los aldeanos estaban aterrorizados porque el drag贸n escup铆a fuego y sobrevolaba la aldea diariamente.
 
En el fr铆o invierno, el emperador envi贸 a esa regi贸n a sus mejores soldados, fuertemente armados y dispuestos a matar al drag贸n, sin embargo sus esfuerzos fueron en vano.
 
El animal descubri贸 las intenciones de los soldados y atac贸 r谩pidamente, lanzando fuego sobre ellos y masacrando con sus garras a los que quedaban vivos.

Finalmente, cansado y con fr铆o el drag贸n negro se refugi贸 en una amplia cueva que parec铆a estar desocupada. Se acomod贸 en un rinc贸n y se dispuso a dormir, pero vio en un rinc贸n una peque帽a mancha negra que se agitaba.
 
El drag贸n acerc贸 su cara a ella y not贸 que la mancha era un peque帽o murci茅lago y con desprecio le dijo: “Desaparece de aqu铆, esta ahora es mi cueva.”
 
El peque帽o murci茅lago ni se inmut贸, y el drag贸n enfurecido lanz贸 fuego para asustarlo.
 
El murci茅lago le contest贸: “Esta es mi cueva y ser谩s t煤 quien se ir谩.”
 
El drag贸n estall贸 en carcajadas y contest贸: “¿a m铆 me vas a expulsar? 

He arrasado con ej茅rcitos de humanos, destrozado aldeas enteras y un ser insignificante como t煤 me expulsar谩…”
 
El murci茅lago contest贸: “¡si quieres guerra, te la dar茅!”

Fue entonces que el animalito se lanz贸 como un rayo sobre el drag贸n y le mordi贸 con sus afilados colmillos detr谩s de la oreja. El drag贸n desesperado de dolor lanzaba fuego en todas las direcciones pero el peque帽o murci茅lago continuaba atac谩ndolo.
 
Las escamas del drag贸n eran muy duras, pero los agudos colmillos del murci茅lago atacaban entre ellas causando gran dolor y desesperaci贸n.

Finalmente, el drag贸n muy dolorido y cansado de luchar se retir贸 de la cueva, mientras el murci茅lago orgulloso sali贸 a proclamar su victoria a los cuatro vientos sin percatarse de la cantidad de telas de ara帽as que lo atraparon, all铆 pereci贸 de hambre y fr铆o.

“En la guerra, no hay enemigo peque帽o ni lugar para el descuido…”

Leyenda de China.

*****

La fuerza del hambre

 
 Esta historia transcurre en el Jap贸n durante un per铆odo de hambre.
Un campesino que no ten铆a con qu茅 alimentar a su familia se acuerda de la costumbre que promete una fuerte recompensa al que sea capaz de desafiar y vencer al maestro de una escuela de sable. Aunque no hab铆a tocado un arma en su vida, el campesino desaf铆a al maestro m谩s famoso de la regi贸n.

El d铆a fijado, ante numeroso p煤blico, los dos hombres se enfrentan. El campesino, sin mostrarse nada impresionado por la reputaci贸n de su adversario, lo espera a pie firme, mientras que el maestro de sable, estaba un poco turbado por tal determinaci贸n.

— ¿Qu茅 ser谩 este hombre?, piensa. Jam谩s ning煤n villano hubiera tenido el valor de desafiarme. ¿No ser谩 una trampa de mis enemigos?

El campesino, acuciado por el hambre, se adelanta resueltamente hacia su rival. El Maestro duda, desconcertado por la total ausencia de t茅cnica de su adversario.

Finalmente, retrocede movido por el miedo. Antes incluso del primer asalto, el maestro siente que ser谩 vencido. Baja su sable y dice:

— Usted es el vencedor. Por primera vez en mi vida he sido abatido. Entre todas las escuelas de sable, la m铆a es la m谩s renombrada. Es conocida con el nombre de “La que con un solo gesto da diez mil golpes”. ¿Puedo preguntarle, respetuosamente, el nombre de su escuela?

— La escuela del hambre –responde el campesino.


*****

 Centrarse en una sola cosa
 
 
 

• En la Categor铆a crecimiento,oriente
El joven Tanit fue a ver al sabio del pueblo y le pregunt贸:
- Se帽or, ¿qu茅 debo hacer para conseguir lo que yo quiero?

El sabio no contest贸. Tanit se march贸 despu茅s de repetir su pregunta varias veces con el mismo resultado.

Volvi贸 al d铆a siguiente con la misma pregunta. De nuevo no obtuvo ninguna respuesta por lo que volvi贸 por tercera vez y repiti贸 su pregunta:
- ¿Qu茅 debo hacer para conseguir lo que yo quiero?

El sabio le mir贸 y dijo:
- Ven conmigo

Agua

Y se dirigieron a un r铆o cercano. Entr贸 en el agua llevando al joven de la mano y cuando alcanzaron cierta profundidad el sabio se apoy贸 en los hombros del joven y lo sumergi贸 en el agua. Pese a los esfuerzos del joven por liberarse, all铆 lo mantuvo el sabio un largo rato. Al fin lo solt贸 y Tanit pudo recuperar su aliento.

Entonces el sabio le pregunt贸:
- Cuando estabas bajo el agua, ¿qu茅 era lo que m谩s deseabas?

Sin vacilar Tanit contest贸:
- Aire, quer铆a aire.
- ¿No hubieras preferido mejor riquezas, comodidad, placeres, poder o amor?
– No, se帽or, deseaba aire, necesitaba aire y solo aire – fue su inmediata respuesta.
- Entonces – contest贸 el sabio -, para conseguir lo que t煤 quieres debes quererlo con la misma intensidad que quer铆as el aire, debes luchar por ello y excluir todo lo dem谩s.
- Debe ser tu 煤nica aspiraci贸n d铆a y noche.
- Si tienes ese fervor, conseguir谩s sin duda lo que quieres.

Maestro: con el esfuerzo, la insistencia y centrando tu energia en una 煤nica cosa conseguir谩s todo lo que te propones.
*****

 Lo importante no es lo que sucede sino como lo interpretamos. 

Gente malevolente y traviesa insultaba con alguna frecuencia a Buda, que jam谩s se alteraba y que incluso manten铆a en sus labios una reconfortante y serena semisonrisa. Siempre era as铆 y los disc铆pulos, extra帽ados, le preguntaron un d铆a:

- se帽or, ¿c贸mo es que si te insultan, t煤 permaneces indiferente y tranquilo?

Y Buda pens贸:

- Porque, queridos m铆os, los dem谩s me insultan, pero yo no recibo el insulto.

No a帽adas sufrimiento, por culpa de tu mente, al sufrimiento cuando los dem谩s tratan de hac茅rtelo. Firme ante el insulto y el halago, sigue tu marcha por la vida con 谩nimo sereno y mente apaciguada.
*****

 El orden natural


  Un hombre muy rico pidi贸 a un maestro zen un texto que le hiciese siempre recordar lo feliz que era con su familia.

El maestro zen tom贸 un pergamino y con una linda caligraf铆a escribi贸:

“El padre muere. El hijo muere. El nieto muere”

- ¡C贸mo! – dijo furioso el hombre rico – ¡Yo le ped铆 algo que me inspirase, una ense帽anza que fuera siempre contemplada con respeto por mis pr贸ximas generaciones, y usted me da algo tan depresivo y deprimente como estas palabras!

- Usted me pidi贸 algo que le recordara siempre la felicidad de vivir junto a su familia. Si su hijo muere antes, todos ser谩n arrasados por el dolor. Si su nieto muere, ser谩 una experiencia insoportable.

Sin embargo, si su familia va desapareciendo en el orden que coloqu茅 en el papel, se trata del curso natural de la vida. As铆, aunque todos pasen por momentos de de dolor, las generaciones continuar谩n, y su legado subsistir谩 mucho tiempo.

Historia Zen.
*****
 EL LADR脫N.

 

Cuenta una antigua leyenda que un anciano sabio viv铆a en las afueras de una peque帽a ciudad de provincia. El hombre era muy conocido no s贸lo por su sabidur铆a, sino tambi茅n por su buena suerte.

En la misma ciudad viv铆a tambi茅n un joven que, aunque fundamentalmente honesto, estaba constantemente en pos de la suerte, la fama y la riqueza. Sin embargo, pese a todos sus esfuerzos, la "diosa vendada" no quer铆a sonre铆rle. El joven ya no sab铆a qu茅 m谩s hacer y estaba al borde de la depresi贸n, cuando se le ocurri贸 ir a ver al sabio para pedirle cu谩l fuera el secreto de su 茅xito. En efecto, todo lo que precisaba, el sabio lo ten铆a. Y todo lo que emprend铆a le sal铆a redondo. No le faltaba ni hogar ni comida ni ropa. La gente le amaba, respetaba y veneraba. No carec铆a de riqueza espiritual, pero tampoco de medios materiales.

Aquel d铆a el joven se levant贸 muy pronto para evitar las colas interminables de personas que iban a pedirle consejo al anciano. Se visti贸 con sus mejores vestidos, se arregl贸 y lleg贸 a la morada del sabio de buen hora. Llam贸 al portal. El sabio le abri贸 y, amablemente, le recibi贸 en su casa. Una vez terminadas las presentaciones formales, el joven fue directamente al grano y dijo:

- La raz贸n de mi visita es sencilla: querr铆a saber tu secreto para vivir tan holgadamente. Ver谩s, he notado que no te falta nada, mientras a mi me falta todo, y esto es a pesar de mis esfuerzos y buena voluntad. Tambi茅n he notado que mucha gente posee bienes materiales, pero son infelices. En cambio a ti no te falta tampoco la felicidad. Dime, ¿cu谩l es tu secreto?

El sabio le mir贸 interesado y sonri贸 dici茅ndole:

- Mi respuesta tambi茅n es sencilla: el secreto de mi buena suerte es que yo robo...

- ¡ Lo sab铆a ! -exclam贸 el joven- habr铆a tenido que deducirlo yo mismo. ¡ Eso era el secreto !.

- ¡ Espera ! Todav铆a no he acabado -dijo el anciano-, pero el joven ya hab铆a salido corriendo y exultando. El santo intent贸 darle alcance pero no pudo, por lo que regres贸 imperturbable y calmadamente a su casa.

Tras la visita al sabio, la vida del joven cambi贸 radicalmente: empez贸 a robar aqu铆 y all谩, a revender las cosas sustra铆das a los dem谩s y a enriquecerse. Comet铆a toda clase de hurtos: robaba animales, cosas, dinero e incluso entraba a robar a casas. La fortuna parec铆a haber empezado a sonre铆rle, cuando fue capturado por las autoridades. Fue procesado por numerosos delitos y condenado a cinco a帽os de dura c谩rcel. Durante su estancia en la prisi贸n tuvo tiempo de meditar y llegar a una conclusi贸n. Seg煤n sus deducciones, el anciano se hab铆a befado de 茅l, y m谩s idiota hab铆a sido 茅l mismo por seguir tan necio consejo. Se prometi贸 que una vez salido de ah铆, volver铆a a ver al anciano para darle su merecido.

Los a帽os pasaron y el joven fue puesto en libertad tras pagar su deuda con la sociedad. Nada m谩s estar libre otra vez, ni siquiera pas贸 por su casa, sino que se fue directamente a la residencia del sabio. Tras llamar impacientemente a la puerta, el sabio abri贸.

- Ah, eres t煤 -le dijo-.

- S铆, soy yo y he venido para decirte lo in煤til que eres, viejo tonto. ¿Sab铆as que gracias a tu consejo me he pasado los 煤ltimos cinco a帽os de mi vida en la c谩rcel? Si todos los consejos que das son as铆, menudos imb茅ciles que tenemos que ser los que te escuchamos.

El anciano le escuchaba con paciencia, y cuando la rabia del joven remeti贸, as铆 le contest贸:

- Comprendo tu rabia. Pero el art铆fice de tu desdicha eres t煤 y solamente t煤, sobre todo por tu incapacidad de escuchar. Cuando viniste aqu铆 hace cinco a帽os, te dije la verdad, te dije mi m茅todo para asegurarme la dicha, solo que t煤 no quisiste o铆r m谩s y entendiste lo que quisiste. Cuando te dije que yo robo, era verdad, solo que no robo a los humanos. Robo aire, luz, agua y energ铆a. Robo "chi". Ver谩s, robo al Tao porque el Tao es vac铆o y utiliz谩ndolo nunca rebosa, se vac铆a sin agotarse, y su funci贸n no se agota nunca.

*****
 EL AMOR Y LA PASI脫N


Una princesa que s贸lo ten铆a 17 a帽os estaba locamente enamorada de un capit谩n de su guardia. Deseaba casarse con 茅l, a煤n a costa de lo que pudiera perder.
Su padre, el Rey, que ten铆a fama de sabio no cesaba de decirle:
- No est谩s preparada para recorrer el camino del amor.
- El amor es renuncia y as铆 como regala, crucifica.
- Todav铆a eres muy joven y a veces caprichosa.
- Si buscas en el amor s贸lo la paz y el placer, no es este el momento de casarte.
La princesa respond铆a:
- Pero padre, ¡ ser茅 tan feliz junto a 茅l !
- No me separar茅 ni un solo instante de su lado.
- Compartiremos hasta el m谩s profundo de nuestros sue帽os.
Entonces el rey reflexion贸 y se dijo:
- Las prohibiciones hacen crecer el deseo.
- Si le proh铆bo que se encontrar谩 con su amado, su deseo por 茅l crecer谩 desesperado.
- Adem谩s los sabios dicen:
“Cuando el amor os llegue, seguidlo, aunque sus senderos son arduos y penosos”
De modo que al fin el Rey dijo a su hija:
- Hija m铆a, voy a someter a prueba tu amor por ese joven.
- Vas a ser encerrada con 茅l cuarenta d铆as y cuarenta noches.
- Si al final siguen queri茅ndose casar es que est谩s preparada y entonces tendr谩s mi consentimiento.
La princesa, loca de alegr铆a, acept贸 la prueba y le di las gracias a su padre.
Todo march贸 perfectamente, pero tras la excitaci贸n y la euforia de los primeros d铆as no tard贸 en presentarse la rutina y el aburrimiento. Lo que al principio era m煤sica celestial para la princesa se fue tornando ruido. Comenz贸 a vivir un ir y venir entre el dolor y el placer, la alegr铆a y la tristeza. As铆, antes de que pasaran dos semanas ya estaba deseando tener otro tipo de compa帽铆a, llegando a repudiar todo lo dijera o hiciese su amante. A las tres semanas estaba tan harta de aquel hombre que chillaba y aporreaba la puerta de su recinto. Cuando al fin pudo salir de all铆, se ech贸 en brazos de su padre agradecida de haberle librado de aquel a qui茅n hab铆a llegado a aborrecer.
Al tiempo, cuando la princesa recobr贸 la serenidad perdida, le dijo a su padre:
-Padre, h谩blame del matrimonio.
Y su padre, el rey, le dijo:
-Escucha lo que dicen los poetas de nuestro reino:

“Dejad que en vuestra uni贸n crezcan los espacios.
Amaos el uno al otro, m谩s no hag谩is del amor una prisi贸n.
Llenaos mutuamente las copas, pero no beb谩is de la misma.
Compartid vuestro pan, m谩s no com谩is del mismo trozo.
Y permaneced juntos, m谩s no demasiados juntos,
pues ni el roble ni el cipr茅s, crecen uno a la sombra del otro”

*****

  El roble y la hiedra


 Un hombre construy贸 una casa y la embelleci贸 con un jard铆n. En el centro del jard铆n plant贸 un roble.

Este roble creci贸 lentamente. D铆a a d铆a echaba ra铆ces y fortalec铆a su tallo, para convertirlo en tronco, capaz de resistir los vientos y las tormentas. Junto a la pared de la casa se plant贸 una hiedra. La hiedra comenz贸 a levantarse velozmente. Todos los d铆as extend铆a sus tent谩culos llenos de ventosas, y se iba alzando adherida a la pared.
Al cabo de cinco a帽os la hiedra ya caminaba sobre los tejados. El roble crec铆a silenciosa y lentamente.
- ¿C贸mo est谩s, amigo roble?, – pregunt贸 una ma帽ana la hiedra.
- Bien, mi amiga – contest贸 el roble.
- Eso dices porque nunca llegaste hasta esta altura, – dijo la hiedra con iron铆a.
- Desde aqu铆 se ve todo tan distinto.
- A veces me da pena verte siempre all谩 abajo en el jard铆n.
- No te burles, amiga, – respondi贸 el roble.
- Recuerda que lo importante no es crecer deprisa, sino con firmeza.
Entonces la hiedra lanz贸 una carcajada burlona.
El tiempo sigui贸 su marcha. El roble creci贸 con su ritmo firme y lento. Las paredes de la casa envejecieron. Y un d铆a una fuerte tormenta sacudi贸 la casa y su jard铆n. Fue una noche terrible. El roble se aferr贸 con sus ra铆ces para mantenerse erguido. La hiedra se aferr贸 con sus ventosas al viejo muro para no ser derribada. La lucha fue dura y prolongada.
Al amanecer, el due帽o de la casa recorri贸 su jard铆n, y vio que la hiedra hab铆a sido desprendida de la pared, y estaba enredada sobre s铆 misma, en el suelo, al pie del roble. Y el hombre arranc贸 la hiedra, y la quem贸.


es mejor crecer sobre ra铆ces propias y crear un tronco fuerte, que ganar altura con rapidez, colgados de la seguridad de otros.

*****

 CENTRARSE SOLO EN UNA COSA

 

El joven Tanit fue a ver al sabio del pueblo y le pregunt贸:
- Se帽or, ¿qu茅 debo hacer para conseguir lo que yo quiero?
El sabio no contest贸. Tanit se march贸 despu茅s de repetir su pregunta varias veces con el mismo resultado.
Volvi贸 al d铆a siguiente con la misma pregunta. De nuevo no obtuvo ninguna respuesta por lo que volvi贸 por tercera vez y repiti贸 su pregunta:
- ¿Qu茅 debo hacer para conseguir lo que yo quiero?
El sabio le mir贸 y dijo:
- Ven conmigo

Y se dirigieron a un r铆o cercano. Entr贸 en el agua llevando al joven de la mano y cuando alcanzaron cierta profundidad el sabio se apoy贸 en los hombros del joven y lo sumergi贸 en el agua. Pese a los esfuerzos del joven por liberarse, all铆 lo mantuvo el sabio un largo rato. Al fin lo solt贸 y Tanit pudo recuperar su aliento.
Entonces el sabio le pregunt贸:
- Cuando estabas bajo el agua, ¿qu茅 era lo que m谩s deseabas?
Sin vacilar Tanit contest贸:
- Aire, quer铆a aire.
- ¿No hubieras preferido mejor riquezas, comodidad, placeres, poder o amor?
– No, se帽or, deseaba aire, necesitaba aire y solo aire – fue su inmediata respuesta.
- Entonces – contest贸 el sabio -, para conseguir lo que t煤 quieres debes quererlo con la misma intensidad que quer铆as el aire, debes luchar por ello y excluir todo lo dem谩s.
- Debe ser tu 煤nica aspiraci贸n d铆a y noche.
- Si tienes ese fervor, conseguir谩s sin duda lo que quieres.


con el esfuerzo, la insistencia y centrando tu energia en una 煤nica cosa conseguir谩s todo lo que te propones.

*****
 


 EL 脕RBOL DE LOS PROBLEMAS.


 


 Hab铆a contratado un carpintero para ayudarme a reparar mi vieja granja. 脡l acababa de finalizar su primer d铆a de trabajo que hab铆a sido muy duro. Su sierra el茅ctrica se hab铆a estropeado lo que le hab铆a hecho perder mucho tiempo y ahora su antiguo cami贸n se negaba a arrancar.

Mientras lo llevaba a su casa, permaneci贸 en silencio. Una vez que llegamos, me invit贸 a conocer a su familia. Nos dirig铆amos a la puerta de su casa y se detuvo brevemente frente a un precioso olivo centenario. Toc贸 el tronco con ambas manos.
Al entrar en su casa, ocurri贸 una sorprendente transformaci贸n. Su bronceada cara sonre铆a plenamente. Abraz贸 a sus dos peque帽os hijos y le dio un beso a su esposa. La energia hab铆a cambiado completamente. Posteriormente me acompa帽贸 hasta el coche.
Cuando pasamos cerca del olivo, sent铆 curiosidad y le pregunt茅 acerca de lo visto cuando entramos.
- Ese es mi 谩rbol de los problemas, – contest贸
- S茅 que no puedo evitar tener problemas durante el d铆a como hoy en el trabajo por ejemplo, pero no quiero traer estos problemas a mi casa. As铆 que cuando llego aqu铆 por la noche cuelgo mis problemas en el 谩rbol. Luego a la ma帽ana cuando salgo de mi casa los recojo otra vez.
- Lo curioso es, – dijo sonriendo – que cuando salgo a la ma帽ana a recoger los problemas del 谩rbol, ni remotamente encuentro tantos como los que recuerdo haber dejado la noche anterior.
*****
 

si te centras en el ahora desaparecen todos los problemas.

 LA NATURALEZA DEL ESCORPI脫N




 
En la India hay un cuento acerca del Sadhu (monje asceta indu) y el escorpion;

Un hombre va caminando por la carretera cuando de pronto encuentra a un Sadhu arrodillado al lado de una zanja. Se aproxima, y se da cuenta de que el Sadhu esta observando a un escorpion.
El escorpion quiere cruzar la zanja, pero cuando llega al agua lodosa comienza a ahogarse.
Con mucho cuidado el Sadhu acerca la mano para sacarlo del agua, pero en cuanto lo toca el escorpion lo pica.
El escorpion cae al agua de nuevo y otra vez comienza a ahogarse; cuando el Sadhu lo alza es picado otra vez mas.
El hombre observa como ocurre esto tres veces.
Por ultimo le dice;
Por que insiste usted, si lo pica?
El Sadhu responde;
--"No hay nada que pueda hacer. Picar esta en la naturaleza del escorpion y en mi naturaleza esta salvarlo."

Se trata del mismo instinto que no ve culpa alguna en las debilidades de los otros y que libremente asume la responsabilidad de los problemas que no son suyos.

" Que nunca muera nuestro instinto de salvarnos los unos a otros."

*****
 




5 CENTAVOS PARA GASTAR...




Cuando era peque帽a, uno de mis libros favoritos era un cuento que se llamaba: 5 centavos para gastar. La historia trata de un ni帽o llamado Juan al que su madre le dio cinco centavos adicionales para gastar en lo que 茅l quisiera. De camino a la tienda pensaba en toda la clase de dulces que podr铆a comprar con ese dinero. De pronto, se encontr贸 con un gato y le dijo que ten铆a cinco centavos s贸lo para 茅l. El gato lo mir贸 y le dijo que si 茅l tuviera dos centavos, se comprar铆a un pescado delicioso. Juanito sigui贸 su camino y se encontr贸 a una ardilla. Tambi茅n le presumi贸 su dinero y la ardilla dijo que si ella tuviera un centavo para gastar se comprar铆a una nuez. De la misma manera se top贸 con un perro y 茅ste le hizo saber que si tuviera un centavo se comprar铆a un hueso. Finalmente, Juanito le ense帽贸 a un p谩jaro las monedas que ten铆a para gastar en sus dulces y el p谩jaro le coment贸 que si tuviera un centavo comprar铆a un poco de algod贸n para recubrir su nido. Cuando Juan entr贸 a la tienda compr贸 el pan de su madre y al final del pasillo vio una cantidad impresionante de golosinas. Se le qued贸 mirando a una paleta roja que ten铆a una cara hecha de pastillas de menta blancas. Pregunt贸 por su precio y el se帽or McCoy le contest贸 que costaba 5 centavos. Justo cuando se preparaba para sacar sus monedas, Juanito se acord贸 del gato, de la ardilla, del perro y del p谩jaro, y cambi贸 de idea. Como habr谩n de imaginarse pidi贸 el hueso, el pescado, nueces y algod贸n. Le dijo al se帽or McCoy que se lo iba a dar a sus amigos. Juanito reparti贸 lo que compr贸 a sus nuevos amigos y todos estaban muy contentos. De regreso a casa, iba cantando de felicidad y le cont贸 a su mam谩 lo que hab铆a hecho. Cuando su madre sac贸 el pan de la bolsa se dio cuenta de que hab铆a algo m谩s en el fondo. Era una gran paleta roja con cara hecha de pastillas de menta blancas y una nota que dec铆a: “Para un buen ni帽o, del se帽or McCoy”.

Siempre se ha dicho que las cosas hay que darlas sin esperar nada a cambio, sin embargo, en realidad muy pocas personas dan sinceramente sin que en el fondo esperen recibir una recompensa por sus actos. Y la verdad es que tampoco hay nada malo en eso, ya que la sociedad de alguna forma se ha encargado de estipular las normas para vivir cada d铆a. La gente trabaja a cambio de una remuneraci贸n econ贸mica, algunos tienen tarifas por sus conocimientos, otros intercambian objetos de valor, unos m谩s le ponen precio a los favores que hacen, etc. Pero hay algo muy particular y sumamente m谩gico en el simple acto de dar. Dar incluso a personas que jam谩s volveremos a ver.

Mucho se ha escrito sobre el dinero, pero si en una cosa todos concuerdan es en que hay que devolver parte de lo ganado. Una de las leyes de la m铆stica del dinero dice que la energ铆a monetaria viaja en un c铆rculo magn茅tico. Solamente hay que soltarla de coraz贸n y seguir谩 ese c铆rculo invisible de energ铆a pura y de manera infalible volver谩 a nosotros multiplicado. Como si fuera un bumerang. Dar de coraz贸n es algo que de verdad te deja con una gran satisfacci贸n y por lo poco que he experimentado, uno se queda con un estado de alegr铆a, pero sobre todo con una sensaci贸n de libertad.


*****
 
 Una historia que nos ense帽a a entregarlo todo sin esperar nada a cambio.


Un d铆a un hombre joven se situ贸 en el centro de un poblado y proclam贸 que 茅l pose铆a el coraz贸n mas hermoso de toda la comarca.
Una gran multitud se congreg贸 a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su coraz贸n era perfecto, pues no se observaban en 茅l ni m谩culas ni rasgu帽os.
Coincidieron todos que era el coraz贸n m谩s hermoso que hubieran visto. Al verse admirado el joven se sinti贸 m谩s orgulloso aun, y con mayor fervor aseguro poseer el coraz贸n mas hermoso de todo el vasto lugar.
De pronto un anciano se acerco y dijo: "¿Por qu茅 dices eso, si tu coraz贸n no es tan hermoso como el m铆o?" Sorprendidos, la multitud y el joven miraron el coraz贸n del viejo y vieron que, si bien lat铆a vigorosamente, este estaba cubierto de cicatrices y hasta hab铆a zonas donde faltaban trozos y estos hab铆an sido reemplazados por otros que no correspond铆an, pues se ve铆an bordes y aristas irregulares en su derredor.
Es mas, hab铆a lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos. La mirada de la gente se sobrecogi贸, ¿C贸mo puede 茅l decir que su coraz贸n es m谩s hermoso?, pensaron...
El joven contempl贸 el coraz贸n del anciano y al ver su estado desgarbado, se ech贸 a re铆r.
- "Debes estar bromeando", dijo. "Comparar tu coraz贸n con el m铆o... El m铆o es perfecto. En cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor."
- "Es cierto", dijo el anciano, "tu coraz贸n luce perfecto, pero yo jam谩s me involucrar铆a contigo... Mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregu茅 todo mi amor. Arranqu茅 trozos de m铆 coraz贸n para entreg谩rselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que qued贸 abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido."
"Hubo oportunidades, en las cuales entregu茅 un trozo de mi coraz贸n a alguien, pero esa persona no me ofreci贸 un poco del suyo a cambio. De ah铆 quedaron los huecos - dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que alg煤n d铆a tal vez regresen y llenen el vac铆o que han dejado en mi coraz贸n."
- "¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?".
El joven permaneci贸 en silencio, lagrimas corr铆an por sus mejillas. Se acerc贸 al anciano, arranc贸 un trozo de su hermoso y joven coraz贸n y se lo ofreci贸. El anciano lo recibi贸 y lo coloc贸 en su coraz贸n, luego a su vez arranc贸 un trozo del suyo ya viejo y maltrecho y con el tap贸 la herida abierta del joven. La pieza se amoldo, pero no a la perfecci贸n. Al no haber sido id茅nticos los trozos, se notaban los bordes.

El joven mir贸 su coraz贸n que ya no era perfecto, pero luc铆a mucho mas hermoso que antes, porque el amor del anciano flu铆a en su interior.
*****



 EL PASTOR DISTRAIDO




Era un pastor. De repente cont贸 sus ovejas y se dio cuenta, alarmado, de que faltaba una de ellas. Angustiado, comenz贸 la b煤squeda durante todo el d铆a, hasta que sobrevino la noche, pero no pudo encontrarla. Entonces pas贸 por all铆 otro pastor y le dijo:
-Oye, ¿c贸mo es que llevas una oveja sobre los hombros?
Como ese pastor negligente se comporta con frecuencia el ser humano com煤n. Porque no ha aprendido a discernir, porque no distingue entre lo real y lo ilusorio, entre el Yo y el no-yo, busca.
Pero su b煤squeda es insatisfactoria, porque no busca lo que debe ni d贸nde debe buscar.


*****




 LA RANA SORDA.



Un grupo de ranas iban atravesando un bosque y dos de ellas cayeron en un hoyo muy profundo.
El resto de las ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron que este era muy profundo y que
las dos ranas por mas que saltaban no alcanzaban la orilla se empezaron a escuchar rumores y de pronto iniciaron los gritos y les dec铆an a las dos ranas que se dieran por muertas.


Las dos ranas ignoraron los comentarios y siguieron saltando con todas sus fuerzas para
salir del hoyo.
Las dem谩s ranas siguieron grit谩ndoles que se detuvieran, que se dieran por muertas.
Finalmente, una de las ranas empez贸 a escuchar los gritos de las otras ranas y se
dio por vencida. Se dejo caer al suelo y muri贸.

La otra rana continu贸 saltando tan fuerte como pudo. Nuevamente el grupo de ranas le gritaron que ya no sufriera intentando salir y que mejor se dejara morir.
La rana saltaba mas y m谩s fuerte, y m谩s fuerte… hasta que finalmente
logro salir.
Ella pens贸 que sus compa帽eras estaban anim谩ndola todo el tiempo y les agradeci贸 el apoyo... esta rana era sorda y no le era posible escuchar los gritos de las dem谩s.

Moraleja:

Una palabra de aliento a alguien que esta pasando por un mal momento puede reanimarlo y ayudarlo a salir adelante…
Una palabra destructiva a alguien que esta pasando por un mal momento puede ser lo 煤nico que se necesite para matarlo.

F谩bula de Oriente.


*****
  
PRIMAVERA
 

Una vez, hab铆a un ciego sentado en un parque, con una gorra a sus pies y un cartel en el que, escrito con tiza blanca, dec铆a:
- Por favor ay煤deme, soy ciego.

Un creativo de publicidad que pasaba frente a 茅l, se detuvo y observ贸 unas pocas monedas en la gorra. Sin pedirle permiso tom贸 el cartel, le dio la vuelta, tom贸 una tiza y escribi贸 otro anuncio. Volvi贸 a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue.
Por la tarde el creativo volvi贸 a pasar frente al ciego que ped铆a limosna. Ahora su gorra estaba llena de billetes y monedas. El ciego reconociendo sus pasos le pregunt贸 si hab铆a sido 茅l quien re-escribi贸 su cartel y sobre todo, qu茅 que era lo que hab铆a escrito all铆.
El publicista le contest贸:
- Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras.
Sonri贸 y sigui贸 su camino. El ciego se enter贸 unas horas despu茅s lo que su nuevo cartel dec铆a:

- Estamos en primavera, y … yo no puedo verla.

cambiemos de estrategia cuando algo no nos sale, utiliza las palabras inteligentemente.


*****


¿Qui茅n es m谩s est煤pido?


El viejo sabio sal铆a del agua chorreando y sus disc铆pulos, sentados en la orilla, re铆an, burl谩ndo­se de 茅l porque le hab铆an visto tropezar en las piedras y caer al r铆o. El sabio les miraba con semblante severo, parec铆a enojado, lo que hizo redoblar las risas. Le vieron desnudarse, encen­der un fuego y poner su ropa a secar.
Para aquellos j贸venes, que segu铆an las ense­帽anzas de su maestro cada d铆a, verle caer en el agua hab铆a sido una revelaci贸n.
Sin decir una palabra, el sabio volvi贸 a po­nerse la ropa en cuanto estuvo seca y, siempre en silencio, salt贸 al r铆o y lo cruz贸, haciendo signos a sus disc铆pulos de que le siguiesen.
¿Qu茅 ten铆an que hacer? ¿Iba el maestro, se­g煤n su costumbre, a ense帽arles una lecci贸n pro­funda? Cada uno de ellos a su vez salt贸 al agua y lleg贸 a la otra orilla.
Entonces el sabio les pregunt贸 sonriendo:
¿Qui茅n es m谩s est煤pido, el que tropieza o el que no hace m谩s que seguir?

*****


 LAS TRES REJAS

 


El joven disc铆pulo de un fil贸sofo sabio lo visita y le dice:
- Maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia.
- ¡Esper谩! lo interrumpe el fil贸sofo ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
- ¿Las tres rejas?
- Si. La primera es la VERDAD. ¿Est谩s seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
- No. Lo o铆 comentar a unos vecinos.
- Al menos lo habr谩s hecho pasar por le segunda reja, que es la BONDAD. ¿Es bueno para alguien lo que me vas a decir?
- No. en realidad no. Al contrario ...
- La 煤ltima reja es la NECESIDAD ¿Es necesario hacerme saber lo que tanto te inquieta?
- A decir verdad, no.
- Entonces, dijo el sabio sonriendo, si no es VERDADERO, ni BUENO, ni NECESARIO, sepult茅moslo en el olvido.


*****


 CONCENTRACI脫N

 


Despu茅s de ganar varios concursos de arquer铆a, el joven y jactancioso campe贸n ret贸 a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostr贸 una notable t茅cnica cuando le di贸 al ojo de un lejano toro en el primer intento, y luego parti贸 esa flecha con el segundo tiro. "Ah铆 est谩", le dijo el viejo, "¡a ver si puedes igualar eso!". Inmutable, el maestro no desenfundo su arco, pero invit贸 al joven arquero a que lo siguiera hacia la monta帽a. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campe贸n lo sigui贸 hacia lo alto de la monta帽a hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un fr谩gil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligi贸 como blanco un lejano 谩rbol, desenfund贸 su arco, y dispar贸 un tiro limpio y directo. "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente en tierra firme. Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer el tiro. "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero tienes poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro".


*****


 Persiguiendo dos conejos



Un estudiante de artes marciales se aproxim贸 el maestro con una pregunta. "Quisiera mejorar mi conocimiento de las artes marciales. Adem谩s de aprender contigo quisiera aprender con otro maestro para aprender otro estilo. ¿Que piensas de esta idea?" "El cazador que persigue dos conejos", respondi贸 el maestro, "no atrapa ninguno".

*****




No vemos las cosas tal como son, sino tal como somos. 



Hab铆a en la India dos gur煤es que ten铆an sus escuelas cerca una de la otra. Uno de ellos era viejo y el otro muy joven. El m谩s joven hab铆a sido alumno del gur煤 viejo. Todas las ma帽anas los daban clases en sus escuelas. Todas las ma帽anas miles de personas se juntaban a escuchar al gur煤 joven. Solamente una decena escuchaba la palabra del m谩s viejo.

Un d铆a el viejo fue hablar con el joven y le dijo:

- ¿Te puedo hacer una pregunta?

- Claro maestro.

- ¿T煤 crees que tienes m谩s conocimientos que yo?

- No. Todo lo que s茅, lo aprend铆 de ti Maestro- afirm贸 el gur煤 joven.

- ¿T煤 crees que eres m谩s did谩ctico que yo?- pregunt贸 el viejo.

- No, no hay nadie m谩s did谩ctico que t煤 Maestro- respondi贸 el m谩s joven.

- ¿T煤 crees que la sabidur铆a se puede aprender en los libros o en el estudio?

- No, yo creo que la sabidur铆a viene con los a帽os y s贸lo el tiempo y la experiencia pueden d谩rtela.

- As铆 que crees que yo tengo m谩s conocimientos que t煤- dijo el m谩s viejo- y crees que soy m谩s h谩bil que t煤. Entonces no entiendo, ¿me puedes explicar por qu茅 t煤 tienes miles de alumnos y yo apenas una decena?

El gur煤 m谩s joven dijo:

- Quiz谩s sea porque a m铆 me sorprende que vengan, y a ti te sorprende que no vengan.

*****

 Aquel que tiene un porqu茅 para vivir se puede enfrentar a todos los c贸mos.


Por la ma帽ana el disc铆pulo fue a visitar a su maestro.

­Tengo un importante problema que resolver ­dijo­. Me gustar铆a que me ayudase, porque tengo prisa.

­¿C贸mo puedo ayudarte? Yo puedo saber c贸mo comportarme ante un determinado problema, pero 茅sta es mi manera de actuar. Si t煤 est谩s procurando crecer, observa a los otros, pero jam谩s intentes actuar exactamente como ellos, cada persona tiene un camino diferente en esta vida. No nos transformamos en maestros porque sabemos repetir lo que los maestros hacen, sino porque aprendemos a pensar por nosotros mismos. Descubre tu propia luz, o pasar谩s el resto de la vida siendo un p谩lido reflejo de la luz ajena.

Paulo Coelho.

 *****


 La confianza es como el dinero, dif铆cil de ganar, f谩cil de perder.


El fuego, al agua y la confianza caminaban por un bosque y conversaban sobre lo que har铆an si el azar viniera a separarlos. El fuego dijo:

- Busquen el humo. All铆 me encontraran.

El agua dijo:

- Busquen las hierbas verdes y flores. All铆 estar茅.

La confianza dijo.

- Mejor ser谩 que no me pierdan de vista, porque si me pierden de vista es probable que nunca vuelvan a encontrarme.

 *****



 Enviado al campo para ver si estaba ya a punto para ser segado, el muchacho volvi贸 a su padre y le dijo:


- Me parece que la cosecha ser谩 muy pobre, padre m铆o.

- ¿Por qu茅? -le pregunt贸 茅ste.

- Porque he notado que la mayor parte de las espigas est谩n dobladas hacia abajo, como desmayadas, seguramente que no valen nada.

- ¡Mi hijo peque帽o! -le dijo su padre- Has de saber que las espigas que viste dobladas, lo est谩n por el peso del grano, en tanto que las que est谩n levantadas, rectas hacia el cielo, pueden hacerlo porque est谩n medio vac铆as.

El hombre sabio, cuanto m谩s sabe, m谩s siente la humillaci贸n de lo que le falta saber. El hombre de verdad noble de coraz贸n, no puede enorgullecerse de ello, porque conoce cu谩nto m谩s noble deber铆a ser.


 *****
  Una prostituta se hab铆a enamorado de Buda.
  



Un d铆a, fue al monasterio, atraves贸 la gran sala donde los monjes estaban meditando y se desnud贸 delante de 茅l, exponi茅ndose a su mirada y a la de todos los monjes all铆 presentes.




Piernas




- ¿Me deseas? – pregunt贸 茅l.




La mujer asinti贸. Buda la tom贸 entonces por el talle y se la llev贸 hacia la orilla de un lago situado en las proximidades del monasterio. Una vez all铆, con gesto vivo, la empuj贸 dentro del agua helada. Los ardores amorosos de la prostituta se esfumaron en el acto. Buda le tendi贸 una mano firme y ayud谩ndola a volver a la orilla, le dijo:




- ¡Y ahora, vayamos a meditar juntos!




Maestro: Buda le hace entender a la prostituta que si quiere relacionarse con 茅l, solo puede ser en el nivel espiritual. No rechaza a la mujer (y su deseo).

 *****


 Saber negociar



Por salvar al hijo del zar, que se ahogaba en el rio, tres campesinos fueron recibidos en palacio, donde el monarca les invit贸 a elegir su recompensa. El primero pidi贸 la mano de su princesa, el segundo solicit贸 poder absoluto sobre su condado y el tercero, despu茅s de un silencio, pidi贸 solamente una bolsa de monedas. Los otros dos lo acusaron de est煤pido y de no saber aprovechar una oportunidad 煤nica. El tercer hombre les dijo:

- Si es intenci贸n del zar darnos algo, cosa que dudo, yo quiero estar seguro de pedir aquello que puede ser que me conced.


Jam谩s negociemos con miedo, pero jam谩s temamos negociar.


 *****


En el escritorio de un poeta hab铆a un tintero que se daba mucha importancia. Dec铆a:


- Es incre铆ble la de cosas hermosas que salen de m铆. Con una gota de mi tinta se llena una p谩gina. ¡Y cu谩ntas cosas magn铆ficas se pueden leer!

La pluma, resentida replic贸:

-¿No comprendes, tonto, que t煤 solamente pones la materia prima? Soy yo la que escribo con tu tinta. ¡La pluma es la que escribe!

Volvi贸 el poeta, que hab铆a ido a un concierto, y con la m煤sica se hab铆a inspirado, y escribi贸 en una hoja:

- Qu茅 necios ser铆an el arco y el viol铆n si pensaran que son ellos los que tocan. Igual de necios somos los hombre cuando presumimos de lo que hacemos, olvidando que somos simples instrumentos de Dios.

Somos peque帽os instrumentos, pero muchos peque帽os instrumentos en las manos de Dios pueden hacer milagros.
 
Madre Teresa de Calcuta.


 *****
 El pedazo de pan


Un hombre pobre paseaba por las calles con s贸lo un pedazo de pan en la mano. Al pasar por un restaurante, vio unas deliciosas alb贸ndigas fri茅ndose en una sart茅n. Con la esperanza de capturar un poco de ese delicioso aroma, sostuvo el pedazo de pan por encima de la sart茅n por unos pocos segundos y luego se lo comi贸. Le pareci贸 que realmente hab铆a mejorado su sabor. Sin embargo, el due帽o del restaurante, que lo hab铆a visto, lo agarr贸 por el cuello y lo condujo ante el juez, que era un hombre justo. El due帽o del restaurante exig铆a que el pobre campesino pagara por las alb贸ndigas.

El juez lo escuch贸 atentamente, extrajo dos monedas de su bolsillo y le dijo:

— P谩rese junto a m铆 por un minuto.

El due帽o del restaurante obedeci贸 y el juez sacudi贸 su pu帽o, haciendo sonar las monedas en el o铆do del demandante.

— ¿Para qu茅 hace esto? — pregunt贸 el due帽o.

El juez respondi贸:

— Acabo de pagar por sus alb贸ndigas. Con seguridad, el sonido de mi dinero es un justo pago por el aroma de su comida.


 *****
 Un rey
 fue hasta su jard铆n y descubri贸 que sus 谩rboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El Roble le dijo que se mor铆a porque no pod铆a ser tan alto como el Pino. Volvi茅ndose al Pino, lo hall贸 ca铆do porque no pod铆a dar uvas como la Vid. Y la Vid se mor铆a porque no pod铆a florecer como la Rosa. La Rosa lloraba porque no pod铆a ser alta y s贸lida como el Roble.

Entonces encontr贸 una planta, una Fresa, floreciendo y m谩s fresca que nunca. El rey pregunt贸:

— ¿C贸mo es que creces saludable en medio de este jard铆n mustio y sombr铆o?

—No lo s茅. Quiz谩s sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, quer铆as fresas. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habr铆as plantado. En aquel momento me dije: “Intentar茅 ser Fresa de la mejor manera que pueda.”

Ahora es tu turno. Est谩s aqu铆 para contribuir con tu fragancia. Simplemente m铆rate a ti mismo. No hay posibilidad de que seas otra persona. Puedes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por ti, o puedes marchitarte en tu propia condena…

Lo m谩s f谩cil de ser en el mundo es ser tu mismo. Lo m谩s dif铆cil de ser en el mundo es lo que la otra gente quiere que seas. No dejes que te pongan en esa posici贸n.


 *****

 En el fondo de un viejo estanque...
 viv铆a un grupo de larvas que no comprend铆an por qu茅 cuando alguna de ellas ascend铆a por los largos tallos de lirio hasta la superficie del agua, nunca m谩s volv铆a a descender donde ellas estaban.

Se prometieron una a otra que la pr贸xima de ellas que subiera hasta la superficie, volver铆a para decirles a las dem谩s lo que le hab铆a ocurrido.

Poco despu茅s, una de dichas larvas sinti贸 un deseo irresistible de ascender hasta la superficie. Comenz贸 a caminar hacia arriba por uno de los finos tallos verticales y cuando finalmente estuvo fuera se puso a descansar sobre una hoja de lirio. Entonces experiment贸 una transformaci贸n magnifica que la convirti贸 en una hermosa lib茅lula con unas alas bell铆simas. Trat贸 de cumplir su promesa, pero fue en vano. Volando de un extremo al otro de la charca pod铆a ver a sus amigas sobre el fondo. Entonces comprendi贸 que incluso si ellas a su vez hubieran podido verla, nunca habr铆an reconocido en esta criatura radiante a una de sus compa帽eras.

El hecho de que despu茅s de esa transformaci贸n que llamamos muerte no podamos ver a nuestros amigos ni comunicarnos con ellos no significa que hayan dejado de existir.

La muerte no es m谩s que un cambio de misi贸n.


 *****
 Generosidad y ego铆smo.


Dice una antigua leyenda china, que un disc铆pulo pregunt贸 al Maestro:
"¿Cu谩l es la diferencia entre el cielo y el infierno?".
El Maestro le respondi贸:
"Es muy peque帽a, sin embargo tiene grandes consecuencias. Ven, te mostrar茅 una imagen de c贸mo es el infierno".
Entraron en una habitaci贸n donde un grupo de personas estaba sentado alrededor de un gran recipiente con arroz, todos estaban hambrientos y desesperados, cada uno ten铆a una cuchara tomada fijamente desde su extremo, que llegaba hasta la olla. Pero cada cuchara ten铆a un mango tan largo que no pod铆an llev谩rsela a la boca. La desesperaci贸n y el sufrimiento eran terribles.
Ven, dijo el Maestro despu茅s de un rato, ahora te mostrar茅 una imagen de c贸mo es el cielo. Entraron en otra habitaci贸n, tambi茅n con una olla de arroz, otro grupo de gente, las mismas cucharas largas... pero, all铆, todos estaban felices y alimentados. "¿Por qu茅 est谩n tan felices aqu铆, mientras son desgraciados en la otra habitaci贸n, si todo es lo mismo?
Como las cucharas tienen el mango muy largo, no pueden llevar la comida a su propia boca. En una de las habitaciones est谩n todos desesperados en su ego铆smo, y en la otra han aprendido a ayudarse unos a otros.


 *****
 Ahora que eres guardi谩n del faro.
 

La met谩fora del faro:

El faro est谩 afianzado en la roca, no importa d贸nde se lo construya. A veces el faro es reconstruido en otras zonas mientras cambian el clima y las condiciones, el mismo faro, el mismo guardi谩n del faro, siempre afianzados en la roca.


El faro est谩 ah铆 para hacer una cosa: hacer brillar la luz.

El prop贸sito de la luz a menudo es cambiado.
A veces es un aviso, a veces est谩 all铆 para atraer la atenci贸n y a veces est谩 ah铆 para guiar. Cualquiera sea el prop贸sito, siempre est谩 anclado en la roca. T煤 sabes algo que los otros no saben. Sabes d贸nde est谩n las rocas, d贸nde est谩 el problema, y est谩s all铆 para guiar a los otros respecto de estas cosas.
¡Cuando la luz es capaz de ayudar a conducir a los barcos a salvo a la bah铆a, en el faro se regocijan !

Cuando esto sucede, sin embargo, el guardi谩n del faro no se va al barco y hace una fiesta con el capit谩n. En vez de eso, el guardi谩n se regocija silenciosamente y contin煤a haciendo brillar la luz.

Los capitanes que llegan al puerto a salvo gracias a la luz del faro nunca conocen al guardi谩n del faro.

¡El guardi谩n del faro no publica una declaraci贸n para decirles a otros que salv贸 un barco! Se queda en silencio y contin煤a, generalmente a solas, enclavado en la roca.

Algunas personas pasan por la vida de los dem谩s intentando ayudar, guiar, tender la mano pero todo se derrumba cuando dejan el faro y suben al barco para festejar...

Otras en cambio ayudan en silencio, tocan e iluminan las vidas de muchos a su paso, no buscan ning煤n reconocimiento, dan porque sienten algo maravilloso al hacerlo y sienten paz cuando han logrado salvar o hacer sentir mejor al otro... Esas personas son verdaderos faros no necesitan figurar, no necesitan ser aplaudidos, no necesitan que los adulen, ni que los hagan sentir importantes... No, siguen firmes en la roca y saben que su luz siempre ser谩 de ayuda para quien la necesite...

Pensemos... ¿C贸mo queremos ser?


*****
 - La Porcelana de mi Madre



- Como de costumbre, mi madre me pidi贸 que pusiera la porcelana sobre la mesa. Una noche, que estaba poniendo la mesa, mi vecina Mari, de repente vino a nuestra casa. Ella llam贸 a la puerta, pero como mi madre estaba ocupada cocinando, entr贸 por la puerta de la cocina, vio puesta de la mesa tan elegante, y coment贸: “Oh, creo que usted no necesita que le entretenga a los invitados, vuelvo m谩s tarde, primero deb铆 me llamar. ” .
- ”No, esta bien”, respondi贸 mi madre, “No tenemos otros invitados.”
- ”Bueno”, la expresi贸n de Mari bastante desconcertada: “¿Por qu茅 ponen lo mejor de su porcelana China, la nuestra se saca solo para los parientes, que cada a帽o nos visitan dos veces.”
- Mi madre sonri贸 y respondi贸: “Porque he preparado el plato favorito de la familia. ¿Porque tiene que ser para invitados especiales?, ¿por qu茅 no para mi propia familia? Son ellos sobre todo los que mas se lo merecen”.
- ”S铆, pero su hermosa porcelana se puede romper…”, respondi贸 Mari, era evidente que no entiende qu茅 para mi madre es mas importante la familia que los invitados.
- Mi madre siempre me ha dicho lo importante de que toda la familia disfrute de estas comidas en un plato bonito junto a la mesa, y algunos peque帽os defectos en la porcelana son insignificante. Por otra parte, sus ojos parpadearon, Cada defecto tiene una historia, ¿no?
- “Dec铆a mir谩ndome a mi, pens贸 que como sus hijas ya hab铆an crecido deber铆an saber esta historia.
- Entonces se fue a la despensa de al lado para sacar un plato, y le dijo: “¿ves estas grietas hechas?. Esto es lo que ocurri贸 cuando yo ten铆a 17 a帽os de edad, nunca olvidar茅 ese d铆a, lo recuerdo como si fuera hoy”. La voz de mi madre se vuelve m谩s suave al relatar.
- “Un a帽o durante el oto帽o, mis hermanos ten铆an que ayudar a apilar el heno del fin de la temporada, por lo que se contrat贸 a un hombre alto joven y apuesto para ayudar en con esa tarea, mi madre me dijo que recogiera los huevos frescos en el gallinero, en ese momento lo vi que venia hacia mi. Me detuve a mirarle, tra铆a unos pesados fardos de heno verde y fresco en los hombros, sin esfuerzo los tir贸 en el pajar, me miro por un momento. Era un gran hombre: de manos grandes, alto, muy fuerte, el pelo negro y brillante .. se dio cuenta que lo estaba mirando porque dio vuelta un paquete de hierba en el aire, sonri贸 y me dio la vuelta y se detuvo junto a mi para verme, su fuerza y lo guapo, era indescriptible. Ella dijo lentamente, acariciando el plato con un dedo…., yo suavemente golpee.
- Creo que a mis hermanos les gustaba, as铆 que lo invit贸 a cenar con nosotros. Cuando mi hermano mayor designado a sentarse a mi lado, le dice a el que lo haga esta vez, casi me muero. Usted puede imaginar lo t铆mida que era, como 茅l me hab铆a visto de pie, caminando y mir谩ndolo, ahora me hab铆an sentado a su lado! Hab铆a hecho mi angustia insoportable, la lengua atada, y yo s贸lo pod铆a mirar hacia abajo de la mesa “.
- “Cuando me entreg贸 el plato y me pidi贸 que le ayudara a servir su comida, mis manos estaban mojadas y temblando, tom茅 el plato, y se desliz贸 y golpe贸 la olla de barro, saltaron unos peque帽os trozos del plato a la mesa , mi madre exclamo , ”OH”.. por Dios , ten cuidado y me ruboric茅 mucho.”
- ” Oh”, dijo Mari, un poco tocada por la historia de mi madre, le suena como un recuerdo que le gustar铆a olvidar.
- “Por el contrario,” mi madre continu贸: “Un a帽o m谩s tarde me case con ese gran hombre, hasta hoy, voy a pensar en el d铆a que lo conoc铆 cuando veo este plato” Con mucho cuidado, coloca la plato en el lado trasero del armario donde hay otros platos que tienen un espacio especial dentro del armario.
- Ella vio que yo la estaba mirando, parpade茅 r谩pidamente y dije... Creo que mi mam谩 tiene otras historias que contar sobre su vajilla de porcelana.
- Tomo otro plato del armario y nos muestra un plato que le faltaba otro pedazo, me mira a mi y me dice, el d铆a en que llego tu hermana, tu saltabas de contenta, estabas poniendo la porcelana en la mesa porque era un d铆a especial, se te solt贸 un plato y fue as铆 como se rompi贸, es del d铆a en que tu hermana entro por primera vez en nuestra casa y me recuerda lo feliz que estabas. Por eso toda esta porcelana tiene su historia y seguir谩 teni茅ndola y sum谩ndose a ella grietas y pedazos menos.

- Unos d铆as m谩s tarde, mi madre se fue a la ciudad para comprar necesidades diarias. Como de costumbre, fui asignada a cuidar de otras dos hermas. Los primeros 10 minutos despu茅s de que ella se fue, yo hice las cosas que hago cada vez que ella sale a la ciudad. Fui al dormitorio de mis padres (no se me permit铆a hacerlo!), Acerc贸 una silla, abro la puerta de la parte superior del armario, mir贸 a su alrededor, lo mismo que he hecho muchas veces. En el 煤ltimo de los cajones, donde esta la ropa interior de mi madre, hab铆a una caja de joyer铆a japonesa. La saqu茅 y la abr铆. En el interior hab铆a el collar de perlas que mi abuela le heredo el d铆a de su boda, un par de aretes de perlas delicadas obsequiados por mi padre para un aniversario, y un elegante brazalete, que ella siempre escog铆a cuando sal铆a con mi padre a cenar.

Me sent铆 atra铆do por estas colecciones caras, hice las cosas que cada ni帽a de mi edad hacia: me los prob茅, mi mente estaba llena de fantas铆a brillante para crecer, pens茅 que ser铆a tan hermosa como mi mam谩, y tambi茅n teniendo estos preciosos tesoros. Yo no pod铆a esperar a crecer y dominar mis propios cajones, y decirles a los dem谩s: No toque!
Pero mejor aun no me hice demasiadas ilusiones. Volv铆 a tapar la caja de madera cubierta con un pa帽o de fieltro rojo –pero me acorde que en el fondo de esa caja hab铆an unos trozos de peque帽os fragmentos blancos separados, para m铆, esto empezaba a tener sentido.
Quite la pantalla de la l谩mpara, para ver con cuidado, y de acuerdo con mi intuici贸n, me fui a la cocina, tome una silla y me sub铆 para ver el gabinete de ese plato que mi madre quiere tanto y claro que si, esos fragmentos de porcelana, coincidian perfectamente con las grietas del plato, solo que estaban blancos como si fuesen de ayer
Me sent铆 inteligente y llena de respeto por estos restos sagrados, los puse de nuevo en la caja, con el trozo de tela para protegerlos. Ahora sab铆a que la porcelana guarda la historia de mi madre y el amor por nuestra familia, sin embargo, es digno de una leyenda, la porcelana de mi madre es memorable, una historia de amor que se ha extendido. Mis padres han estado casados por 53 a帽os!
Mi hermana le pregunt贸 a mi madre si ella le podr铆a heredar el collar de perlas de la abuela, mi otra hermana quiere los pendientes de perlas. Yo estar铆a feliz de dar a estos bellos tesoros para ellas, porque para m铆, prefiero los tesoros, con los cuales una mujer extraordinaria comenz贸 a vivir con su amor de toda una vida.

Prefiero tener los trozos y piezas de porcelana.


 *****
Un cuento para ilustrarlo:



Cuentan que un experimentado conferenciante distribuy贸 unas hojas de papel a los miembros de su auditorio y les pidi贸 que escribieran sus preguntas a fin de poder luego discutirlas y comentarlas.

El procedimiento funcion贸 muy bien hasta que abri贸 una de las hojas que le hab铆an dado y observ贸 que en el papel plegado s贸lo hab铆a escrita una palabra: “¡IDIOTA!

La ley贸, sin inmutarse, en voz alta y se dirigi贸 a su p煤blico:

-Damas y caballeros -declar贸- En las m煤ltiples conferencias que llevo dando desde hace a帽os, muchas personas han escrito su pregunta y han olvidado firmar con su nombre, pero he decirles que esta es la primera vez que alquien firma con su nombre y olvida escribir su pregunta.


 *****

La eleccion del paquete de galletas


Cuando aquella tarde lleg贸 a la vieja estaci贸n le informaron que el tren en que ella viajar铆a se retrasar铆a aproximadamente una hora.

La elegante se帽ora, un poco fastidiada, compr贸 una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo.


Busc贸 un banco en el and茅n central y se sent贸 preparada para la espera.

Mientras hojeaba su revista, un joven se sent贸 a su lado y comenz贸 a leer un diario.

Imprevistamente, la se帽ora observ贸 c贸mo aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abr铆a y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.

La mujer se molest贸 por esto, no quer铆a ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situaci贸n o hacer de cuenta que nada hab铆a pasado; as铆 que, con un gesto exagerado, tom贸 el paquete y sac贸 una galleta, la exhibi贸 frente al joven y se la comi贸 mir谩ndolo fijamente a los ojos.

Como respuesta, el joven tom贸 otra galleta y mir谩ndola la puso en su boca y sonri贸.

La se帽ora ya enojada, tom贸 una nueva galleta y, con ostensibles se帽ales de fastidio, volvi贸 a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho.

El di谩logo de miradas y sonrisas continu贸 entre galleta y galleta. La se帽ora cada vez m谩s irritada, y el muchacho cada vez m谩s sonriente.

Finalmente, la se帽ora se dio cuenta de que en el paquete s贸lo quedaba la 煤ltima galleta.

“-No podr谩 ser tan descarado”, pens贸 mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas.

Con calma el joven alarg贸 la mano, tom贸 la 煤ltima galleta, y con mucha suavidad, la parti贸 exactamente por la mitad.

As铆, con un gesto amoroso, ofreci贸 la mitad de la 煤ltima galleta a su compa帽era de banco.

“¡Gracias!”, dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad.
“De nada”, contest贸 el joven sonriendo suavemente mientras com铆a su mitad.

Entonces el tren anunci贸 su partida…
La se帽ora se levant贸 furiosa del banco y subi贸 a su vag贸n.

Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todav铆a sentado en el and茅n y pens贸: “¡Qu茅 insolente, que mal educado, qu茅 ser谩 de nuestro mundo!

Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sinti贸 la boca reseca por el disgusto que aquella situaci贸n le hab铆a provocado.

Abri贸 su bolso para sacar la botella de agua y se qued贸 totalmente sorprendida cuando encontr贸, dentro de su cartera, su paquete de galletas intacto.


 *****
 El ego como maquinaria de proyecci贸n


Un hombre acude al doctor para decirle que su mujer se est谩 quedando sorda y el m茅dico le pregunta que cu谩l es el grado de sordera que tiene.

Como todo es cuesti贸n de grados, para descubrirlo le dice que cuando ella est茅 cocinando, de espaldas su marido le debe preguntar ¿Qu茅 est谩s cocinando? Pregunta que le har谩 a distintas distancias…


El marido le hace esa pregunta a seis metros de distancia y su mujer no dice nada. Despu茅s vuelve a preguntar a tres metros y tampoco contesta nada…Finalmente se la dice en el mismo o铆do…

Entonces ella se gira y le dice a gritos: ¡Por tercera vez te digo que estoy cocinando un pollo!

Alejandro Jodorowsky dice que este chiste nos muestra c贸mo proyectamos todo “en el otro”, le echamos la culpa al otro. Cuando alguien dice:

-Me dej贸 mi mujer…deber铆a reflexionar y descubrir qu茅 hizo para echarla de su lado
-Una mujer quiere tener un hijo…pero deber铆a reflexionar por qu茅 hace todo para no tener un hijo
-Nadie me quiere…pero, ¿t煤 quieres a alguien?

En resumen, si nosotros no damos, ¿c贸mo vamos a poder recibir?
*****

Perfume

Desde que era alcantarillero, Tahar se pasaba todas sus jornadas chapoteando entre los excrementos.
 

Un buen d铆a, al salir de su trabajo, una perfumer铆a despert贸 su curiosidad y entr贸 en el establecimiento. Asombrado por todas estas fragancias desconocidas, aspir贸 profundamente para captarlas mejor, pero su cuerpo se puso r铆gido y perdi贸 el conocimiento en el acto.

Trataron de reanimarle sin 茅xito. Le hicieron respirar sales, le dieron cachetitos en las mejillas, le rociaron con agua, pero todo fue en vano. Tahar segu铆a inconsciente.

Avisado, su padre se fue a toda prisa hacia la perfumer铆a, provisto de una cajita de excrementos. Una vez all铆, se acerc贸 a Tahar y abri贸 la caja ante su nariz. Algunas segundos m谩s tarde, 茅ste se despert贸, asombrado de encontrarse en una situaci贸n semejante.

Maestro: el proceso del crecimiento interior y del florecimiento de nuestro ser esencial necesita tiempo y insistencia. Por mucho que nos gustar铆a no pasaremos – como en este cuento – directamente de la alcantarilla a la perfumer铆a de nuestro ser.

*****



Miedo a darme demasiado

-Maestro, al entrar en una relaci贸n tengo miedo a darme demasiado, porque suelo salir de ella frustrado y con las manos vac铆as.
-Medita y dale a tu ni帽o interior lo que necesit贸 y le negaron. Luego s茅 adulto y desarrolla el don de dar sin esperar nada a cambio.
*****

 -Adaptaci贸n de un cuento tradicional oriental- 

Dar

http://www.blogger.com/blogger.g?blogID=4115881383170530305#editor/target=page;pageID=6810747353661597148

Todo lo que damos, Vuelve
"El espejo” -Adaptaci贸n de un cuento tradicional oriental-
Era una noche de lluvia y Cristian iba manejando por la desolada carretera. De repente vio un auto parado al costado y una se帽ora de edad avanzada que sin dudas necesitaba ayuda; entonces decidi贸 detenerse.
Cuando se acerc贸, la se帽ora bastante desconfiada enseguida pens贸 que pod铆a tratarse de un asaltante. Cristian percibi贸 que ella ten铆a mucho miedo y le dijo: “Estoy aqu铆 para ayudarla, no se preocupe. ¿Por qu茅 no espera dentro del auto que est谩 m谩s calentito? Mi nombre es Cristian.”
Lo que hab铆a sucedido era que ten铆a una llanta pinchada. Cristian se agach贸, coloc贸 el gato mec谩nico y levant贸 el auto. Cuando apretaba las tuercas de la rueda ella abri贸 la ventanilla y comenz贸 a conversar con 茅l. Le cont贸 que no era del lugar, que s贸lo estaba de paso por all铆 y que no sab铆a c贸mo agradecerle por la valiosa ayuda. Cristian apenas sonri贸 mientras se levantaba del piso, todo sucio y embarrado.
Ella pregunt贸 cu谩nto le deb铆a. Cristian no pensaba en dinero, le gustaba ayudar a las personas, era su modo de vivir. Pero le respondi贸: “Si realmente quiere pagarme, la pr贸xima vez que encuentre a alguien que precise de ayuda, acu茅rdese de m铆 y dele a esa persona la ayuda que precise.”
Algunos kil贸metros despu茅s la se帽ora se detuvo en un peque帽o restaurant; la camarera vino hasta ella y con una dulce sonrisa le entreg贸 una toalla para que seque su cabello. La se帽ora not贸 que la camarera estaba varios meses de embarazo, pero la misma no dej贸 que la tensi贸n y los dolores le cambiaran su actitud de amabilidad. A la se帽ora le dio mucha curiosidad en saber c贸mo alguien que teniendo tan poco, pod铆a tratar tan bien a un extra帽o. Entonces se acord贸 de Cristian. Despu茅s que termin贸 su comida, y mientras la camarera buscaba cambio, se retir贸.
Cuando la camarera volvi贸 a la mesa not贸 algo escrito en la servilleta, sobre la cual ten铆a 5 billetes de $ 100.
Le cayeron las l谩grimas de sus ojos cuando ley贸 lo que la se帽ora hab铆a escrito:
“No me debes nada, yo tengo bastante. Alguien me ayudo hoy y de la misma forma te estoy ayudando. Si realmente quisieras reembolsarme este dinero, no dejes que este c铆rculo de amor termine contigo, ayuda a alguien cuando veas que lo necesite.”
Aquella noche lleg贸 muy cansada a su casa y enseguida se acost贸 en la cama. Se qued贸 pensando en el dinero y en lo que la se帽ora hab铆a dejado escrito.
¿C贸mo puede esa se帽ora saber cu谩nto ella y el marido precisaban de aquel dinero? Con el bebe que estaba por nacer el pr贸ximo mes, la situaci贸n econ贸mica estaba complicada.
Qued贸 sorprendida y agradecida por la bendici贸n que hab铆a recibido ese d铆a. Agradeci贸 a Dios y se volvi贸 hacia su marido que dorm铆a a su lado. Le dio un beso suave y le susurr贸:
-Todo estar谩 bien, Cristian…
Para reflexionar:
Cada d铆a la vida nos presenta situaciones donde una o varias personas necesitan de nosotros…
¿C贸mo es tu actitud frente a ellas? ¿Das lo que tienes, lo que necesitan en ese momento? ¿Das una palabra, una sonrisa, un abrazo, tu tiempo…?
Recordemos lo que la se帽ora escribi贸 en la servilleta y… ¡continuemos con el c铆rculo de amor! Estemos atentos cada d铆a para dar una mano y mejorar en un instante la vida de alguien, que en realidad ese alguien es el Universo mismo d谩ndonos una oportunidad de servir desinteresadamente.
Tenemos much铆simas oportunidades para ayudar, veamos la unidad en la diversidad.


 *****